La lista de España para el Mundial de fútbol para ciegos

El seleccionador nacional, Jesús Bargueiras, ha dado a conocer la lista de ocho jugadores y dos porteros que defenderán la camiseta de España en el Mundial de Fútbol para Ciegos que arranca el próximo jueves en Madrid.

Después de diez concentraciones realizadas desde enero, Bargueiras no ha tenido una decisión fácil, y ha elegido los siguientes jugadores ciegos para vestir la elástica nacional: Adolfo Acosta (Gran Canaria); Iván López (Alicante); Sergio Alamar (Alicante); Javier Muñoz (Tarragona); Vicente Aguilar (Valencia); Antonio Martín Gaitán ‘El Niño’ (Málaga); Youssef el Haddaoui (Tarragona); y Miguel Ángel Sánchez (Menorca). Estarán acompañados en la portería por los dos cancerberos madrileños Pedro Gutiérrez y Sergio Rodríguez.

No ha sido una decisión fácil porque hay otros jugadores que han venido a distintas concentraciones y que también merecen estar en esta lista final. Sólo puedo elegir a ocho y dos porteros y creo que con este equipo aspiramos a todo durante el Mundial”, ha reconocido Bargueiras. Junto al seleccionador nacional, completarán el cuerpo técnico Miguel Ángel Becerra (2º entrenador); Ceferino Sánchez (guía); Sergio Cano (preparador físico); y los miembros del servicio médico Mauricio Tejada, Sergio Gómez y Alejandro Giménez.

El equipo español disputará el partido inaugural del Mundial ante Tailandia el próximo día 7 de junio a las 18:00 horas en las instalaciones del Colegio Sagrado Corazón de Chamartín (Avda. Pío XII, 81). Posteriormente el combinado nacional jugará frente a Marruecos y Turquía los días 9 y 11 de junio a las 11:30 horas.

En esta primera fase se clasificarán para cuartos de final las dos primeras selecciones de cada grupo. A partir de ahí se disputarán partidos eliminatorios hasta la gran final que tendrá lugar el día 17 de junio a las 12:00 horas.

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País pobre patrocina a club de fútbol rico

Ruanda firma un polémico acuerdo de patrocinio con el Arsenal inglés por el que gastará más de 30 millones en tres años

El presidente de Ruanda, Paul Kagame, junto al exfutbolista del Arsenal, Tony Adams, en 2014.
El presidente de Ruanda, Paul Kagame, junto al exfutbolista del Arsenal, Tony Adams, en 2014. FLICKR

Cuando el Arsenal cayó derrotado ante el Atlético de Madrid en semifinales de la Liga Europa, el 3 de mayo, uno de los mensajes de pesar más leídos fue el de Paul Kagame, presidente de Ruanda. “El final de esta era no debiera haber sido así”, dijo en su perfil de Twitter el dirigente de 60 años, en el poder desde hace 18 y fan apasionado de los gunners. “Aún soy un seguidor comprometido y voy hacia delante. Culpad a los propietarios”. Aquel partido en el Metropolitano de Madrid era la despedida, ese final de era, del mítico entrenador francés Arsène Wenger, al que, por cierto, el propio Kagame había pedido marcharse del club británico hacía ya seis años. Toda una pasión declarada por el Arsenal que ha contagiado a los ruandeses y que, pese a las críticas del carismático Kagame hacia los dueños del equipo, se tradujo 20 días después en la firma de un acuerdo por el que el país africano pagará más de 30 millones de euros en tres años a cambio de aparecer en la manga de la camiseta de los jugadores. La idea no ha gustado mucho en Reino Unido, que destina más de 60 millones de euros anuales en proyectos de desarrollo en Ruanda.

La paradoja está servida: ¿cómo un pequeño país africano considerado pobre puede pagar un patrocinio nada despreciable a uno de los clubes de fútbol más ricos del mundo? La relevancia del Arsenal es indudable. Según la última clasificación de la auditora Deloitte, el club londinense, uno de los más seguidos en el mundo, con buen apego en África, facturó el pasado año 487,6 millones de euros, una cifra que le sitúa como el sexto club más adinerado. En esas cuentas destacan los 34 millones de euros anuales que se lleva de la también acaudalada aerolínea dubaití Emirates por poner su logo en la parte frontal de la camiseta, al que desde agosto acompañará en la manga el pagado por el país de los Grandes Lagos con el lema Visit Rwanda (Visita Ruanda).

Sobra decir que Reino Unido es país emisor de ayuda al desarrollo y Ruanda es uno de sus destinatarios. El DFID, agencia británica para esta cooperación, gastó en 2017/2018 60 millones de euros. Por ese motivo, la prensa británica ha vertido críticas contra el acuerdo. ¿No sería que ese dinero lo gasta Kigali ahora en patrocinio? Pero no solo Reino Unido; en el Parlamento de Holanda, emisor también de ayuda, ha denunciado el contrato, desde la bancada de los cristianodemócratas hasta la de diputados de GroeLinks (Verdes). El Gobierno de Kagame se ha defendido: lo que Londres aporta a cooperación va en gran medida a proyectos sobre mejora de la justicia; el dinero que invertirán en el patrocinio proviene del sector turístico, que no deja de crecer, y, en último lugar, la campaña de marketing a través del Arsenal prevé precisamente que extranjeros sigan visitando el país para dejar de depender de las donaciones foráneas.

Ante el mordisco del hombre blanco, Kigali ha tratado de sacar pecho con las cifras. El país obtuvo en el último ejercicio 346 millones de euros en turismo, una cantidad que quiere llevar hasta los 800 millones para 2024 a través de ofensivas de promoción como la de la camiseta del Arsenal —el acuerdo también llevará el mismo lema a las vallas publicitarias y paneles del estadio—. Más aún, el número de británicos que visitaron el país en 2017 creció un 21%. Alguno habría del Arsenal. Según declaró a la publicación Jeune Afrique el secretario de Estado de Exteriores Olivier Nduhungirehe, de esos 346 millones anuales, solo un 3% irá destinado al acuerdo de patrocinio con el club inglés. Se prevé que ese refuerzo de imagen-país —vital para deshacer el vínculo entre Ruanda y el brutal genocidio de 1994— ayude a doblar en seis años los ingresos por turismo, principal fuente de entrada de divisas.

Y tras las cifras, el sentimiento. “Cualquiera que critique nuestro acuerdo con el Arsenal porque Ruanda es pobre y receptor de ayuda”, manifestó el sábado en un hilo de Twitter Clare Akamanzi, responsable del Departamento de Desarrollo de Ruanda, encargado de la promoción del turismo, “o bien desea que lo siga siendo permanentemente o no entiende que, en cualquier negocio, los costes del marketing son un componente clave en los gastos de una compañía”. Para Akamanzi, “cuanto más se gane en turismo, más se podrá invertir en la gente”. Pero el posible contrasentido sigue latente, ¿por qué no invertir directamente ese dinero en agua y electricidad?

En efecto, Ruanda es uno de los países del África Oriental más expuestos a la dependencia de la ayuda externa. Esta cubre el 17% del presupuesto nacional, una cifra muy elevada pero ya alejada del 80% de hace una década. El Banco Mundial sugiere precisamente en sus análisis que la iniciativa privada debe permitir a Ruanda sacudirse esa dependencia. Y es ahí donde también saca pecho el pequeño país africano (12 millones de habitantes), con una economía que crece a buen ritmo, en torno al 5%, y la vitola de ser el segundo en el continente donde se puede montar un negocio más rápidamente. Siendo eso así, según datos de Naciones Unidas, el 60% de la población vive con menos de 1,6 euros al día, la pobreza está muy extendida, con un especial impacto en la infancia, y la renta per cápita permanece en torno a los 700 euros.

Ruanda ha mejorado desde los años noventa notablemente en educación, con una media de 10,8 años de escolarización, o sanidad, con una expectativa de vida de 64,7 años. Pero eso no ha evitado que el país africano ocupe el puesto 159 de 188 en el Índice de Desarrollo Humano de la ONU, sumergido en la categoría más baja de esta medición, por debajo de vecinos como Kenia o Tanzania.

Kagame pidió aquel 3 de mayo, en su prolija cuenta de Twitter, un cambio en el Arsenal: “Algo fundamental tiene que cambiar en el club”. Eso ya se verá en los terrenos de juego. Lo que sin duda cambió fue la apuesta del pequeño país africano para hacer correr su economía. Siguiendo con el símil futbolístico, eso es pasar al ataque.

La FIFA levantó la suspensión de la Federación de Fútbol de Guatemala

El organismo había sido sancionado por el método en el que había asumido el nuevo comité ejecutivo

Federacion Nacional de Fútbol de Guatemala
Federacion Nacional de Fútbol de Guatemala

La FIFA levantó la suspensión que pesaba desde hace año y medio sobre la Federación Nacional de Fútbol de Guatemala (Fedefut), informó este jueves el comité de regularización nombrado por el ente internacional.

“Se levanta con efecto inmediato la suspensión de la Fedefut, restaurándose todos sus derechos como federación miembro de la FIFA“, dijo en conferencia de prensa Juan Carlos Ríos, presidente del comité designado por el organismo deportivo internacional, quien asumió el 18 de mayo pasado para normalizar el ente deportivo guatemalteco.

La suspensión impidió que las selecciones y equipos guatemaltecos participaran en competencias internacionales como la Copa Oro, Juegos Centroamericanos y la Liga de Campeones de la Concacaf.

FIFA le levantó la sanción a la Federación de Guatemala (EFE)

FIFA le levantó la sanción a la Federación de Guatemala (EFE)

Ríos señaló que la secretaría general de la FIFA ordenó quitar la suspensión luego de que el comité “confirmó que se daban todas las condiciones necesarias” para operar y regular la Fedefut, suspendida desde el 28 de octubre de 2016.

La FIFA sancionó a Guatemala debido a la falta de apoyo de los clubes y dirigentes locales a una primera comisión que intentaba poner orden en la federación, golpeada por un caso de corrupción internacional.

FIFA rompió la comunicación con la Fedefut en ese momento, y lo retomó en abril pasado luego de que las autoridades guatemaltecas concluyeron las reformas legales y avalaron los estatutos que solicitaba el ente rector del fútbol mundial.

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